Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de diciembre de 2010

Las cábalas de Macbeth... o ¡Ay nanita! ahi vienen las brujas.

Como en muchas disciplinas hay distintos relatos que siempre funcionan como la sal y la pimienta de la mística de todas y cada una de ellas. Están los relatos de personajes que simbolizan el espíritu de la profesión, como Vatel para la gastronomía; de él se dice que se suicido al no poder preparar un plato para Luis XIV. Otros funcionan para establecer una crítica sobre la profesión misma, como la del antropólogo que fue a observar los rituales de una tribu del amazonas y vio que uno de los indígenas representaba a un antropólogo observando el ritual.
El terreno de las artes no es la excepción sino que, por el contrario, es donde más aparecen este tipo de relatos, Van Gogh y sus insolaciones, la homosexualidad de Leonardo, los ataques de Pollock, los viejitos del Gabo, etc. El teatro, como buen arte colectivo esta plagado de cábalas, leyendas, rituales, personajes emblemáticos, palabras prohibidas, y demás. Desde no usar color amarillo en el escenario, no desear suerte sino mierda, no tejer en escena, no regalar claveles, no tener dos vestuarios iguales, no decir la palabra “víbora” en el escenario, y otras más descabelladas y excéntricas como tirar sal en un rincón del vestidor o un plato para que los actores invitados por otros actores dejen una cooperación a los colegas en el escenario.
Trono de Sangre (Cartel)
Una de mis favoritas por la enorme cantidad de contextos en que se desenvuelve son las cábalas alrededor de Macbeth de Shakespeare. Se considera que ésta obra esta “maldita”, y debido a esto se han dado varias interpretaciones de las causas de la maldición y sus antídotos; entre ellas se dice que los distintos conjuros evocados por las brujas dentro de la ficción son verdaderos conjuros de magia negra que invocan a los espíritus, debido a que Shakespeare además de dramaturgo era un gran aficionado a las ondas místicas, principalmente los que ocurren en el acto IV esc. I, por lo que no debe mencionarse el nombre de la obra cerca de un teatro, ni tampoco citar más de cuatro versos de la obra pues se cae en riesgo de evocar los espíritus que condenaron a Macbeth, en su lugar se debe decir "La tragedia escocesa" o "La obra del bardo". En un terreno más mundano se dice que cuando una compañía teatral tenía problemas económicos y/o estaba a punto de separarse por problemas internos, montaban una obra popular que les permitiera salir del mal paso o llevarse una buena tajada de dinero al momento de separarse, y generalmente se representaba Macbeth, pues era conocida por todo el mundo y aseguraba un éxito de taquilla.
Una más, quizá la más cercana a la temática general de la obra y también la más siniestra es que el personaje de Macbeth representa todo aquello que no debe representar el ser humano, Macbeth a diferencia de otros personajes de tragedias de varias épocas es el único que se deja llevar completamente por su pulsión o pasión a sabiendas que esto lo corrompera. Esto se ha relacionado con el concepto de las pulsiones de eros y tánatos en el psicoanálisis y la forma en que Platón describía la dualidad orden-destrucción en el ser humano: En todo hombre hay una constante lucha entre el bien y el mal, entre el orden y la destrucción, dicotomía también llevada al terreno de la razón y la pasión, Platón explica que la conciencia del hombre esta siempre en una constante carrera entre caballos blancos y caballos negros, los cuales representan esta dualidad humana. Macbeth, conscientemente permite que los caballos negros ganen esta carrera, destruyendo todo lo que esta a su paso en pos del beneficio propio. Por esta razón se dice en las cábalas que no se debe representar Macbeth, debido a que el actor que lo interprete estaría permitiendo que sus caballos negros ganaran la carrera y, por lo tanto alteraría el significado del bien y el mal y todas las estructuras basadas en este principio, como lo mencionan las brujas al inicio del primer acto: “Mal es bien. Bien es mal.”(A. I esc. I)
Dejo el trailer de Trono de sangre de Akira Kurosawa, la mejor interpretación de "la tragedia escocesa" hasta hoy.

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Éxito? Que rico…




Confrontar una puesta en escena, así como a un público, nunca es una tarea fácil, ni mucho menos cotidiana, creo que nunca importarán las cantidades, los numerosos estrenos o las funciones en festivales, siempre hay una cosquilla especial que atraviesa el plexo y se instala en la espalda media que te mantiene alerta.
Esto, ante un fenómeno teatral en cierto sentido tan sui generis en el valle de Toluca (por las producciones entalladas, la poca o nula difusión e interés de proyección de las propuestas y por un teatro que lucha constantemente por salir del rubro “independiente” y “universitario” para volverse profesional) cae cerca de la contradicción cuando uno se enfrenta a eso por lo que siempre se lucha y, por costumbre, no se da: El éxito.
¿Qué es lo que propicia el éxito? No hay formula. Grandes puestas en escena, con alto contenido estético, bien resueltas, arriesgadas tanto en contenido como formalmente pueden simplemente tener como espectador al viento. Otras, repetitivas, mal analizadas, poco entendidas, de poco riesgo discursivo escénico tienen los foros abarrotados… No hay lógica en el éxito. Claro que sucede a la inversa, obras arriesgadas que tienen éxito y obras de pobre contenido que no lo tengan. Al final creo que todos quisiéramos que simplemente los teatros estuvieran siempre llenos, no sólo por economía sino por propia estima. Quisiéramos que el teatro fuera un punto de reunión donde confluyeran cientos de visiones de mundo y que nunca se despreciara una obra por prejuicio de producción o de renombre. No trato de hablar sobre el “buen” y el “mal” teatro, es una cuestión valorativa y que depende más del humor que del análisis, trato de comprender qué sucede cuando un grupo de trabajo se topa, sin siquiera sospecharlo, con algo tan efímero, pero tan sabroso como puede ser el reconocimiento popular.
“Yo no me esperaba que la gente reaccionara así” fueron las palabras de José Cotero, director, actor y compañero en la empresa titulada Don Juan Tenorio, al contemplar la fila de más de cincuenta personas que se quedaban fuera del teatro por falta de espacio en la butaquería. Y nunca sabré, ni me interesa, si esto se debió a la época de día de muertos, por el amplio referente de la obra literaria (que seguramente no se parece gran cosa a lo que podría pensar Zorrilla de su texto representado) o porque realmente la propuesta resultaba contundente para el espectador. Lo único cierto es que durante toda la temporada la gente asistió, y cada vez más, a contemplar nuestro Tenorio.
Es evidente que esto no significa una revolución en el teatro Toluqueño, ni que la gente, ante una realidad cada vez más agreste, busque espacios donde olvidar la árida cotidianeidad. Pero el porrazo de aliento que significó para un grupo de trabajo que empezó a ver que su trabajo ya no funcionaba contra corriente, sino que fluía con los asistentes, que en su mayoría no fueron el clásico público cazado de las escuelas, creo que representa una llamada de atención para todos, creadores, instituciones y población, de que el compromiso por hacer y tener arte en una comunidad siempre dependerá de la responsabilidad con que se afrentan y dirigen los recursos que se tienen a la mano – y los que no se tienen también – para la conformación de conciencias y reflexiones sobre el mundo y nosotros mismos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

John Malkovich en México


Hola otra vez mis queridos ciberlectores. Tratando un tema de por sí bastante interminable y en gran medida ocioso, pero que considero que ya que esta de moda en el futbol, en la academia, en la literatura, en el gobierno, etc. ¿por qué el teatro se iba a quedar atras?

En la revista proceso de esta semana aparece un articulo sobre la llegada a México del actor y director John Malkovich, a quien actualmente podemos disfrutar en la pelicula Burn after reading de los hermanos Coen.

En fin, el señor Malkovich no viene a promocionar la película en la que participa, no, no, no. Viene a dirigir, y no es cine, no, no, no. Viene a dirigir una puesta en escena de la obra The good canary de Zach Helm. El elenco, rebosante de las nuevas estrellas de taquilla, esta formado por Daniel Jimenez Cacho, Diego Luna, Mariana Azuela, Bruno Bichir, entre otros; y producida por Gael Garcia Bernal y Diego Luna, quienes ya se han establecido en el ámbito de la producción escénica tanto en cine como en teatro.

La pregunta es: ¿Por qué traer a un director y actor del extranjero si existe material de calidad de sobra en México en lo que a dirección escénica se refiere? Si bien esto puede parecer ocioso, me inclino a pensar en un ámbito más alla de lo estético, el de la taquilla.

No es nuevo que el teatro comercial o de gran producción, ha incursionado a México con cierto empuje y que se ha logrado consolidar gracias a las inversiones estratosfericas de Carlos Slim para deducir sus impuestos, esto es legítimo y no pienso ahondar en ello. Los musicales de Broadway que se han repetido en México han logrado cierto exito y se continuan produciendo puesto que es una fuente de trabajo para los actores, cantantes, bailarines, directores de escena y demas personal que participa en cualquier montaje teatral.

Ahora bien, traer a un director como Malkovich que, con todo respeto, no esta a las alturas de un Peter Stein o un Peter Brook o un Mike Nichols o un Peter Greenaway, grandes directores teatrales reconocidos en todo el mundo (y que podrian hacer un aporte estético más que taquillero al teatro mexicano), me hace pensar en la taquilla, en el asqueroso dinero, Tulio como diría Juan Carlos Bodoque de 31 minutos.

Si bien de entrada ya hablamos de dos o tres estrellas de taquilla que jalan público por su simple presencia, ¿la dirección de Malkovich es tan necesaria en este ámbito? ¿No existen grandes directores en México que no le piden nada a ningun director extranjero como Tavira, Mendoza, Acosta, Caballero, etc.?

Aquí radica el meollo del asunto, alguna vez alguien me dijo que qué teatro no es comercial, y es muy cierto que toda producción teatral pretende solventar gastos con ingresos de taquilla, sin embargo este evento me conduce a una respuesta. El teatro "comercial" es aquel que basa el material creativo en medida de su potencial para atraer gente a la taquilla, no en su potencial para crear una obra artística de determinadas caracteristicas y estilo.

¿Esto es legítimo? Sí. ¿Es legítimo traer un director sólo para que rinda en taquilla y que la puesta en escena pase a segundo término, amen de su calidad estética, y privar a elementos sino nacionales pero que radican y contribuyen en nuestro país? No lo se.

Una cosa es cierta, este proyecto dara de que hablar, sólo espero que de qué hablar teatralmente y no economicamente.


Paso el dato de la puesta en escena por si alguno de mis nulos lectores quiere pasar a darse una vuelta:


El buen canario de Zach Helm

Dirección: John Malkovich

Actuaciones: Diego Luna, Daniel Jimenez Cacho, Mariana Azuela, Bruno Bichir, Martín Altomaro, Jorge Zárate y Yuridia del Valle.

Teatro de los Insurgentes a partir del 26 de noviembre.(diez semanas en cartelera)

Horarios: por confirmar.


Un saludo mis nulos ciber lectores, y esperando que esto por lo menos nos de algo que hacer en el fin de semana, y sobre todo para platicar de teatro.

jueves, 7 de febrero de 2008

Carta a la "comunidad teatral"

Hace poco más de sesenta años fue fundada la primera escuela de Arte Dramático en México, gracias al esfuerzo de personas que durante toda su vida profesaron el fenómeno teatral, como dirían en el argot pugilístico “con más enjundia y pundonor que con técnica”. Su amor al arte teatral fue lo que los llevo a presionar tanto autoridades como instituciones para poder fundar un centro de formación teatral en el país.
Ya con más de medio siglo de este logro en las espaldas, la llamada "comunidad teatral" mexicana parece poder ser todo menos ésto. ¿Cuantos egresados viven de su profesión? ¿Cuantos se ven obligados al "chambismo" o a la prostitución televisiva, que si bien está en todo el mundo, en nuestro cachito de tierra parece acentuarse? ningún proyecto icluyente surge de las instituciones, de las universidades o de la iniciatuva privada. Solo algunos cuantos pelean por su propio lado, más en pos de la filosofía acomodaticia burocrática que por un crear un fenómeno teatral sustentable.
No podemos decir que esto ha sucedido por la falta de gente de proyectos, por aquí han pasado gente como Seky Sano, Martín Acosta, Hector Mendoza, Mercedes de la Cruz, Claudia Ríos, Julio Castillo, Luís de Tavira, Ludwik Margules, José Sole, José Caballero, Raúl Zermeño, entre otros. Lo que sí podemos decir es que a pesar de su genio, de su conocimiento, de sus proyectos, no han alcanzado a amalgamar con esta "comunidad". Tal parece que se vuelven fantasmas que rondan en la butaqueria y los camerinos, en las bocas de los conocedores, de los cultos del teatro mexicano; anhelando una época dorada que, como todos los grandes proyectos mexicanos (la independencia, la revolución, la democracía), se quedan sólo en las buenas intenciones.
Por si fuera poco en los últimos tiempos el teatro mexicano ha tomado una tendencia contradictoria, que ya poco tiene que ver con esta idéa de la "comunidad teatral": la voracidad y la depredación. Hemos caído en el juego cómodo de la falsa competencia, lo cómodo de no ser críticos, sino criticones. Vemos a nuestros compañeros como aves de rapiña que vienen a comernos las entrañas, a demostrarnos que son más que uno. Esto, en el ámbito externo, desgraciadamente, tiene mucho que ver con la penosa situación que vive un país acostumbrado e incapaz de sorprenderse e involucrarse más alla de lo inmediato. Al interior, con pequeños rencores, filias o fobias, frustaciones, conveniencias, burocracia, envidias profesionales o solo Dios sabe, hasta problemas maritales. Estas actitudes afectan directamente el trabajo profesional, el verdadero objetivo del teatro: confrontar al hombre consigo mismo a través de la propuesta escénica. El teatro es un arte colectivo, y como tal no existe la competencia sino el compartir un escenario, por esto no podemos quedarnos solamente en la criticonería, sino en adoptar una postura, tanto ideológica como estética ante el agreste acontecer que nos mantiene siempre a la defensiva.
¿Qué no fue suficiente con las tonterías de Sarita Bermúdez, de nuestro presidente Fox o de la aparición de Felipe Calderón, de quien ya se nos olvido el recorte de más del 30% al presupuesto den educación y cultura porque no tiene un sentido estricto de mercadeo? Nos hacemos pedazos entre nosotros, cuando ya hay alguien que hace ese trabajo; y nosotros que, supuestamente, estamos en el mismo barco, queremos hundir a los que están en la proa, y los que estamos en la proa queremos hundir a los de la popa; al final nos hundimos todos.
Hacer teatro en estos tiempos es extremadamente difícil, ante la apatía de las instituciones y de la sociedad aun más; y nosotros nos ponemos trabas por cuestiones privadas, sin entender que al fin y al cabo las mayores trabas ya se han puesto desde la aparición de las leyes de la oferta y la demanda. ¿Para qué criticar a los colegas, si hay suficiente material de crítica en el mundo fuera de estas cuatro paredes? Critiquemos a la sociedad, critiquemos nuestros vicios, critiquemos al mundo por la guerra, el hambre y la destrucción del planeta; critiquemos el racismo, la intolerancia, critiquemos el sentido de la existencia, el poder, critiquemos al ser humano, en el teatro.