Hace algunos días, mientras el ocio nos invadia en el pantano vehicular de constituyentes, la dueña de mis quincenas (que por cierto no tengo... quincenas, digo) y yo, platicabamos sobre una de las leyes más controvertidas que aprobó la cámara de diputados de la ciudad de los palacios: ¡No, no fue de la ley antitabaco...! ¡Tampoco de la ley de convivencia...! ¡Menos lo de la ley de las miradas lividinosas! Hablamos de la legalización del aborto (¿Se dan cuenta de la cantidad de estupideces por las que se discute en un coche por lo que hace el gobierno?).
Entre las ideas expresadas en la monotonia del trafico, pasamos de nuestras posturas primarias en la secundaria donde, por educación, estabamos totalmente en contra de semejante atrocidad; despues a la postura "feminazi" de que todas las potenciales madres deben abortar porque al no hacerlo demostraban su sumicidad ante un sistema patriarcal, reaccionario y machista en la preparatoria. Finalmente a nuestra postura actual: Es decisión de la mujer, un embarazo no deseado no debe ser una piedra que debamos cargar por toda nuestra vida, y al legalizarce no tenemos que acudir con un carnicero a clínicas clandestinas, si es que decidimos abortar.
En esta últmia instancia la conversación tomo un matiz filosófico, con la pregunta eterna: ¿cuando un ser humano puede ser considerado tal? ¿la celula anidada en la matriz es en realidad un ser humano? ¿La existencia, como propuso Descartes, comienza en el momento en que puedo articular un pensamiento? ¿una celula tiene alma? En fin, todas las preguntas obvias que se hace un individuo que despues de conversar una hora, ve que el semaforo aun está muy lejos.
Ante la idea de uno de los bandos (el que estaba en contra del aborto, por supuesto) de que esa celula es un ser humano, y que por lo tanto el aborto, según esta afirmación, sí es un asesinato; hablamos sobre la masturbación masculina y la menstruación femenina. Si aniquilamos una celula que puede llegar a ser un semejante es homicidio, entonces, ¿cuantos potenciales seres humanos mueren en una masturbación? ¿cuantos seres humanos mueren en el periodo desde que la niña se convierte en señorita y hasta que la mujer se convierte en vieja? La conclusión fue terrible...
¡El hombre es un genocida atroz, peor que Hitler, Neron, Cortes, Pinochet, Videla, el gobierno de Estados Unidos y los malditos asteroides que mataron a los dinosaurios todos juntos! y por el otro lado... ¡La mujer es una maniatica peor que Charles Manson, Hannibal Lecter y Jack "el destripador"! Cada mes, como el hombre lobo, al surgir la luna llena, se transforma y cobra una victima a su larga serie de asesinatos que lleva a cabo desde los 12 hasta los 45 años, sin perder una sola de sus victimas mensuales...
Pueden ustedes imaginarse la reacción en el coche... Así es. Fue terrible. En ese momento nos dimos cuenta que todos los hombres del planeta deben ser pasados por el paredon y todas las mujeres deben ser recluidas en la casa de locos.
¡Mandemos esta propuesta de ley a la cámara de diputados del GDF! Todos los hombres deben ser fusilados por crimenes contra la humanidad y todas las mujeres deben ser recluidas en manicomios bajo el titulo "LOCA PELIGROSA".
Por fin hemos dado vuelta en Revolución. Parece que el trafico se despeja y volvemos a la realidad.
"Morir... dormir; no más; y con un sueño saber que dimos fin a las congojas, y a los mil sobresaltos naturales que componen la herencia de la carne, consumación es esta que con ruegos se puede desear. Morir, dormir. ¡Dormir! ¡Tal vez soñar! ¡He ahí el obstaculo!" Hamlet. A. III Esc. I.
domingo, 16 de marzo de 2008
De masturbaciones, genocidios y menstruaciones.
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jueves, 7 de febrero de 2008
Carta a la "comunidad teatral"
Hace poco más de sesenta años fue fundada la primera escuela de Arte Dramático en México, gracias al esfuerzo de personas que durante toda su vida profesaron el fenómeno teatral, como dirían en el argot pugilístico “con más enjundia y pundonor que con técnica”. Su amor al arte teatral fue lo que los llevo a presionar tanto autoridades como instituciones para poder fundar un centro de formación teatral en el país.
Ya con más de medio siglo de este logro en las espaldas, la llamada "comunidad teatral" mexicana parece poder ser todo menos ésto. ¿Cuantos egresados viven de su profesión? ¿Cuantos se ven obligados al "chambismo" o a la prostitución televisiva, que si bien está en todo el mundo, en nuestro cachito de tierra parece acentuarse? ningún proyecto icluyente surge de las instituciones, de las universidades o de la iniciatuva privada. Solo algunos cuantos pelean por su propio lado, más en pos de la filosofía acomodaticia burocrática que por un crear un fenómeno teatral sustentable.
No podemos decir que esto ha sucedido por la falta de gente de proyectos, por aquí han pasado gente como Seky Sano, Martín Acosta, Hector Mendoza, Mercedes de la Cruz, Claudia Ríos, Julio Castillo, Luís de Tavira, Ludwik Margules, José Sole, José Caballero, Raúl Zermeño, entre otros. Lo que sí podemos decir es que a pesar de su genio, de su conocimiento, de sus proyectos, no han alcanzado a amalgamar con esta "comunidad". Tal parece que se vuelven fantasmas que rondan en la butaqueria y los camerinos, en las bocas de los conocedores, de los cultos del teatro mexicano; anhelando una época dorada que, como todos los grandes proyectos mexicanos (la independencia, la revolución, la democracía), se quedan sólo en las buenas intenciones.
Por si fuera poco en los últimos tiempos el teatro mexicano ha tomado una tendencia contradictoria, que ya poco tiene que ver con esta idéa de la "comunidad teatral": la voracidad y la depredación. Hemos caído en el juego cómodo de la falsa competencia, lo cómodo de no ser críticos, sino criticones. Vemos a nuestros compañeros como aves de rapiña que vienen a comernos las entrañas, a demostrarnos que son más que uno. Esto, en el ámbito externo, desgraciadamente, tiene mucho que ver con la penosa situación que vive un país acostumbrado e incapaz de sorprenderse e involucrarse más alla de lo inmediato. Al interior, con pequeños rencores, filias o fobias, frustaciones, conveniencias, burocracia, envidias profesionales o solo Dios sabe, hasta problemas maritales. Estas actitudes afectan directamente el trabajo profesional, el verdadero objetivo del teatro: confrontar al hombre consigo mismo a través de la propuesta escénica. El teatro es un arte colectivo, y como tal no existe la competencia sino el compartir un escenario, por esto no podemos quedarnos solamente en la criticonería, sino en adoptar una postura, tanto ideológica como estética ante el agreste acontecer que nos mantiene siempre a la defensiva.
¿Qué no fue suficiente con las tonterías de Sarita Bermúdez, de nuestro presidente Fox o de la aparición de Felipe Calderón, de quien ya se nos olvido el recorte de más del 30% al presupuesto den educación y cultura porque no tiene un sentido estricto de mercadeo? Nos hacemos pedazos entre nosotros, cuando ya hay alguien que hace ese trabajo; y nosotros que, supuestamente, estamos en el mismo barco, queremos hundir a los que están en la proa, y los que estamos en la proa queremos hundir a los de la popa; al final nos hundimos todos.
Hacer teatro en estos tiempos es extremadamente difícil, ante la apatía de las instituciones y de la sociedad aun más; y nosotros nos ponemos trabas por cuestiones privadas, sin entender que al fin y al cabo las mayores trabas ya se han puesto desde la aparición de las leyes de la oferta y la demanda. ¿Para qué criticar a los colegas, si hay suficiente material de crítica en el mundo fuera de estas cuatro paredes? Critiquemos a la sociedad, critiquemos nuestros vicios, critiquemos al mundo por la guerra, el hambre y la destrucción del planeta; critiquemos el racismo, la intolerancia, critiquemos el sentido de la existencia, el poder, critiquemos al ser humano, en el teatro.
Ya con más de medio siglo de este logro en las espaldas, la llamada "comunidad teatral" mexicana parece poder ser todo menos ésto. ¿Cuantos egresados viven de su profesión? ¿Cuantos se ven obligados al "chambismo" o a la prostitución televisiva, que si bien está en todo el mundo, en nuestro cachito de tierra parece acentuarse? ningún proyecto icluyente surge de las instituciones, de las universidades o de la iniciatuva privada. Solo algunos cuantos pelean por su propio lado, más en pos de la filosofía acomodaticia burocrática que por un crear un fenómeno teatral sustentable.
No podemos decir que esto ha sucedido por la falta de gente de proyectos, por aquí han pasado gente como Seky Sano, Martín Acosta, Hector Mendoza, Mercedes de la Cruz, Claudia Ríos, Julio Castillo, Luís de Tavira, Ludwik Margules, José Sole, José Caballero, Raúl Zermeño, entre otros. Lo que sí podemos decir es que a pesar de su genio, de su conocimiento, de sus proyectos, no han alcanzado a amalgamar con esta "comunidad". Tal parece que se vuelven fantasmas que rondan en la butaqueria y los camerinos, en las bocas de los conocedores, de los cultos del teatro mexicano; anhelando una época dorada que, como todos los grandes proyectos mexicanos (la independencia, la revolución, la democracía), se quedan sólo en las buenas intenciones.
Por si fuera poco en los últimos tiempos el teatro mexicano ha tomado una tendencia contradictoria, que ya poco tiene que ver con esta idéa de la "comunidad teatral": la voracidad y la depredación. Hemos caído en el juego cómodo de la falsa competencia, lo cómodo de no ser críticos, sino criticones. Vemos a nuestros compañeros como aves de rapiña que vienen a comernos las entrañas, a demostrarnos que son más que uno. Esto, en el ámbito externo, desgraciadamente, tiene mucho que ver con la penosa situación que vive un país acostumbrado e incapaz de sorprenderse e involucrarse más alla de lo inmediato. Al interior, con pequeños rencores, filias o fobias, frustaciones, conveniencias, burocracia, envidias profesionales o solo Dios sabe, hasta problemas maritales. Estas actitudes afectan directamente el trabajo profesional, el verdadero objetivo del teatro: confrontar al hombre consigo mismo a través de la propuesta escénica. El teatro es un arte colectivo, y como tal no existe la competencia sino el compartir un escenario, por esto no podemos quedarnos solamente en la criticonería, sino en adoptar una postura, tanto ideológica como estética ante el agreste acontecer que nos mantiene siempre a la defensiva.
¿Qué no fue suficiente con las tonterías de Sarita Bermúdez, de nuestro presidente Fox o de la aparición de Felipe Calderón, de quien ya se nos olvido el recorte de más del 30% al presupuesto den educación y cultura porque no tiene un sentido estricto de mercadeo? Nos hacemos pedazos entre nosotros, cuando ya hay alguien que hace ese trabajo; y nosotros que, supuestamente, estamos en el mismo barco, queremos hundir a los que están en la proa, y los que estamos en la proa queremos hundir a los de la popa; al final nos hundimos todos.
Hacer teatro en estos tiempos es extremadamente difícil, ante la apatía de las instituciones y de la sociedad aun más; y nosotros nos ponemos trabas por cuestiones privadas, sin entender que al fin y al cabo las mayores trabas ya se han puesto desde la aparición de las leyes de la oferta y la demanda. ¿Para qué criticar a los colegas, si hay suficiente material de crítica en el mundo fuera de estas cuatro paredes? Critiquemos a la sociedad, critiquemos nuestros vicios, critiquemos al mundo por la guerra, el hambre y la destrucción del planeta; critiquemos el racismo, la intolerancia, critiquemos el sentido de la existencia, el poder, critiquemos al ser humano, en el teatro.
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jueves, 31 de enero de 2008
AMANTE AGRADECIDO A LAS LISONJAS MENTIROSAS DE UN SUEÑO.
¡Ay Floralba! Soñé que te... ¿dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
Juntara tanto infierno a tanto cielo.
Mis llamas con tu nieve, y con tu hielo,
Cual suele opuestas flechas de su aljaba,
Mezclaba amor, y honesto las mezclaba,
Con mi admiración en su desvelo.
Y dije: Quiera amor, quiera mi suerte,
Que nunca duerma yo, si estoy despierto,
Y que si duermo, que jamás despierte.
Mas desperté del dulce desconcierto;
Y vi que estuve vivo con la muerte,
Y vi que con la vida estaba muerto.
Francisco de Quevedo.
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
Juntara tanto infierno a tanto cielo.
Mis llamas con tu nieve, y con tu hielo,
Cual suele opuestas flechas de su aljaba,
Mezclaba amor, y honesto las mezclaba,
Con mi admiración en su desvelo.
Y dije: Quiera amor, quiera mi suerte,
Que nunca duerma yo, si estoy despierto,
Y que si duermo, que jamás despierte.
Mas desperté del dulce desconcierto;
Y vi que estuve vivo con la muerte,
Y vi que con la vida estaba muerto.
Francisco de Quevedo.
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